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AGUSTÍN EL CHILENO:

CHILENOS EN SANTIAGO DE CALI

Parece hoy cuando el tío Carlos en nuestra niñez narraba la visita que en el ocaso del tiempo tuvieron en La Casa Valdivia del lejano Chile.

Llegaron buscando a Agustín nuestro abuelo para acicalarle su génesis. Corrían las primeras décadas del siglo veinte y Santiago de Cali en Colombia era un poblado, crecía de la ribera del río Cali hacia los terrenos  de las haciendas en el sur. El asentamiento lo llamaban «Guayaquil» y en ese entonces colindaba con las fincas. Ya se escuchaban los ronquidos de los primeros automotores, el río Cauca era puerto fluvial y constantemente intercambiaba pasajeros y mercancías en los barcos de vapor en Juanchito y los padres de familia con sus vástagos de por sí numerosos mercaban en la plaza central «El Calvario» con sus carretillas de madera jaladas a su fuerza y las abuelas practicaban la magia y con sortilegios batallaban diariamente por su economía doméstica.

María Alegrias silbaba y picaba frutas para su séquito de aves en las jaulas y cantando rociaba  a manotadas toda su colección de plantas con agua y las adornaba con cáscaras de papa. Los golpes secos llamaban en el portón y eran ellos: los chilenos.

Al regresar Agustín a su casa los australes lo esperaban con ansiedad, la abuela María los había hecho pasar y discreta acompañaba la visita. Si ya en el otoño de su vida el abuelo inspiraba alta dosis de respeto, de patriarca y en esos años inspiraba más.

Se pusieron de pie, saludaron y se presentaron, Agustín correspondió al saludo y todos se sentaron en las bancas de madera, ya habían tomado café y con la llegada del dueño de casa lo acompañaron de nuevo con la bebida por segunda vez.

Le preguntaban por sus  padres y el solo les nombraba a su mamá; le preguntaban por su apellido Valdivia y el automáticamente nombraba de nuevo a su madre y que era Valdivia de Palmira. Ellos lo miraban fijamente y sin dudarlo le aseguraron que eran su familia.

En verdad; Agustín Valdivia era de más allá de «La Ciudad de las Palmas» y su piel de tonos cobrizos y tostada por el sol tropical del valle, de abundante cabellera azabache, de ojos grises y traviesos tenía algo de Mapuche por todos lados.

Como cuenta la historia Agustín fue parco ante la insistencia de los chilenos Valdivia, parco ante la posibilidad de remover su génesis y la visita fue un recuerdo en la vida de los tíos mayores que iniciaban en ese tiempo su pubertad.  Agustín era así y solo tenía cabeza para sus asuntos, los suyos y su casa.

De los chilenos no se volvió a saber noticias, ni la manera como ellos habían localizado desde Chile  al abuelo.

 

LA DESPEDIDA EN CHILE

Ahora; la insistencia del pasado reclama los ecos chilenos: la historia del Patriarca Agustín y La Casa Valdivia.

Imagino la despedida en el puerto austral con el  inclemente frío, ella ya había enterrado a su madre y solo la despedía su madrina ya marchita por los años, la besaba en sus mejillas y en la frente, la bendecía, le entregaba un rosario y algo de dinero envuelto en un pañuelo, el mugir del barco llamaba de nuevo y había que zarpar.

A medida que los pasajeros se hacían a la mar lloraban en el puerto, las cataratas apretadas en los ojos de su madrina le impedían en la distancia reconocerla e imaginaba su partida y el viento embravecido de la costa le arrebataba a la pequeña mujer su pañoleta  en la cubierta del barco y no hubo marcha atrás.

Estaba sola, sus pocos familiares en Chile ya eran lejanos, trabajar en el norte de la América era su anhelo, el Canal de Panamá un imán de oportunidades y el paso cercano a Europa por el Atlántico. A pesar de su juventud había desarrollado desde niña una alergia al frío y sus pulmones le reprochaban la falta de oxígeno, había que huir a climas más benignos por su vida y olvidar la careta canalla de un hombre que incumplió su promesa de amarla.


 

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EXTRACTO

Lo poco que quedaba del rojo carmesí se diluía lentamente de las cerdas del último pincel bajo el llanto del grifo de la cocina y desde el estudio en el segundo piso Nat King Cole contemplaba los esbozos del escorzo en el lienzo erotizado del bastidor y sonriendo le cantaba suavemente «L.O.V.E.» a la bella Tania que sin prisa escondía sus carnosidades en el enterizo de licra justo detrás de los tucanes que enloquecidos por la desnudez de la mujer armaban alboroto desde las celdas pintadas del biombo apostado en un rincón.

 

Many ensimismado sacudía el manojo de pinceles en el fregadero y uno a uno los secaba con delicadeza, la sesión con su modelo había terminado esa tarde de sábado y como de costumbre ya tenía separado el pago para Tania en la repisa abarrotada de revistas viejas de la edición francesa de la Penthouse que bajo la brisa de la claraboya entreabierta hacía que  sus mujeres en «topless» se liberaban iracundas porque su pintor las había traicionado con  aquella mujer que les mostraba con su vestir impúdico desde el biombo su armonioso trasero bajo las miradas ardientes de los jadeantes tucanes.

En la mañana del sábado, el sol se entrometió en hilos dorados por las ventanas del departamento, Bernal ya tenía planes e invitó a su ahijado a deleitar mixturas en El Mercado de San Juan, en el camino el dorado rey los irrigaba por las ventanillas del coche pero aún continuaban abrigados. Al ingresar en el mercado una efigie de «La Santa Muerte» los recibió apostada a lo alto de un expendio de frutas, presagiaba con muecas salud y afectos entre tanta variedad de tamaños y colores, el aroma a chocolate los detuvo y una mujer de rostro curtido y peineta anclada en el cabello los tentó con tamales y chiles, los dos comensales hicieron amarras en una mesa mientras una cascada de piloncillos los observaba a pocos metros y desde un viejo radio hospedado entre perniles y huesos «El Jarabe Tapatío» calentaba el ambiente escapándose con guitarrones, trompetas y violines en una carnicería.


 


 

RETRATOS & PHOTO PAINTING

En el retrato fotográfico se desnuda el alma a partir del sentimiento óptico del artista, el comportamiento de la piel y demás elementos de la escena son la contemplación narrativa hecha arte.

Jairo Tenorio Valdivia

RETRATOS - ÍCONOS DEL MUNDO - ARTE & DISEÑO DIGITAL